A principios del siglo XX nuestros bisabuelos empezaron a servir comidas y bebidas en una taberna de una callejuela que conducía hasta los huertos del río. Dicen que el nombre se lo puso un señor a quien gustaba mucho el beber y el comer, y que cuando ya casi no podía más y para que no lo viera nadie, acababa su fiesta en un sitio apartado de las calles más concurridas.

Más adelante, hacia los años 40 y 50, la falta de mano de obra en las minas de Fígols, situadas a unos 10 km, aumentó la demanda de camas. Fue en aquel momento cuando nuestros abuelos empezaron a transformar la taberna en fonda, aunque no fue hasta los años 1960-65 que nuestros padres decidieron hacer una apuesta de futuro y reformar completamente el negocio. En aquel entonces, dotaron la fonda de unos servicios y una modernidad que en la época le brindaron muchos elogios.

Hoy, aunque la callejuela sigue siendo tan estrecha como entonces, la taberna, fonda y actualmente hotel ha quedado cercado por casas: si antes se situaba en las afueras, ahora se encuentra en el mismo centro del pueblo. Por supuesto, hoy en día dispone de unas instalaciones actualizadas para poder continuar ofreciendo a nuestros clientes lo que más nos gusta: hospitalidad y confort en su estancia.

 

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